Ruta en Bicicleta por Limburgo

Gracias a Visit Flandes hemos tenido la oportunidad de  conocer Limburgo sobre el terreno y descubrir por qué esta región se está convirtiendo en uno de los destinos cicloturistas más interesantes de Europa.

Limburgo se encuentra en el noreste de Bélgica, dentro de la región de Flandes, muy cerca de la frontera con Países Bajos y Alemania. Su tamaño, similar al de Luxemburgo o a la provincia de Vizcaya, permite recorrerla tranquilamente sin grandes desplazamientos. 

A diferencia de otras rutas europeas donde simplemente sigues un trazado lineal, como ocurre en el Danubio o en el río Mosela, Bélgica tiene una red que destaca por su sistema de nodos (knooppunt). No hay una ruta única para llegar a tu destino. Limburgo cuenta con una red de más de 2.000 kilómetros de carriles bici perfectamente señalizados, que conectan pueblos, paisajes, espacios naturales y puntos de interés.

El sistema es muy sencillo:

  • Cada cruce importante está identificado con un número (knooppunt)
  • Solo tienes que seguir la secuencia de números de tu ruta 
  • Y dejarte llevar disfrutando del paisaje

Flandes ha sido históricamente una de las regiones más dinámicas de Europa, con una fuerte tradición comercial, urbana y posteriormente industrial. En el caso de Limburgo, este desarrollo estuvo muy ligado a la minería del carbón, que durante décadas marcó el paisaje, la economía y la vida de sus habitantes. Pero a finales del siglo XX, cuando la actividad minera desapareció, el territorio tuvo que reinventarse.

Gran parte del territorio de Limburgo está dominado por la naturaleza y  paisajes rurales. Destacan especialmente sus dos parques nacionales, Bosland y Hoge Kempen, junto a amplias zonas de brezales, campos agrícolas y espacios abiertos que acompañan el recorrido en bicicleta.

A este entorno se suman los terrils, antiguas escombreras mineras que hoy forman parte del paisaje. Lejos de desaparecer, se han integrado de forma natural, aportando relieve y ofreciendo nuevas perspectivas sobre el territorio convirtiéndose en un valor añadido en lo que a cicloturismo se refiere.

Y es aquí, donde Limburgo marca la diferencia.

Con el paso del tiempo, la red ciclista dejó de centrarse únicamente en conectar puntos para dar un paso más: convertir el recorrido en una experiencia en sí misma. Así surge el concepto de “Cycling Synergy”, una estrategia que une paisaje, patrimonio y bicicleta para diseñar rutas que no solo se recorren, sino que se viven.  

El resultado es lo que hoy define a Limburgo: infraestructuras que sorprenden y se integran en el entorno de forma natural. Recorridos que atraviesan el agua, caminos que se elevan entre los árboles o trazados que conectan antiguos espacios mineros y grandes paisajes abiertos. A ello se suman propuestas artísticas que permiten disfrutar del arte en plena naturaleza.

Todas estas infraestructuras no son elementos aislados, sino parte del propio viaje, donde cada uno lo vive y lo disfruta a su manera..

Durante nuestra estancia tuvimos la oportunidad de recorrer distintas zonas de la región, cada una con su propia personalidad. Estas regiones son:

  • Hasselt y De Wijers: donde el agua marca la experiencia
  • Haspengouw: entre fruta, paisaje y arte en ruta
  • Parque Nacional Hoge Kempen: entre brezales y pasado minero
  • Bosland y Beringen: entre árboles y paisaje transformado

 

Hasselt y De Wijers: donde el agua marca la experiencia

Hasselt es la capital de la provincia de Limburgo, una ciudad tranquila y muy agradable. En el centro de la ciudad se encuentra la Catedral de San Quintín, de origen medieval, que forma parte del ambiente tranquilo del casco urbano. A su alrededor, el centro histórico invita a pasear sin prisas, con calles peatonales, plazas con terrazas y un ambiente muy cuidado.

A pocos kilómetros de la ciudad, nos adentramos en un entorno mucho más natural, donde cruzamos la  Abadía de Herkenrode, un antiguo convento cisterciense con casi 900 años de historia, para llegar a De Wijers, conocida como la “tierra de los mil estanques”, un paisaje donde el agua está presente en todo momento. Hicimos una parada en Klein Vijver y subimos a su torre-mirador, desde donde disfrutamos de unas bonitas vistas de este entorno de lagunas, canales y humedales.

Es en esta zona  donde aparece una de las experiencias más conocidas de Limburgo: el Cycling through Water, en Bokrijk, inaugurada en 2016. Un recorrido de unos 200 metros que atraviesa un estanque y en el centro  la vista queda a la altura de los ojos, creando una sensación muy particular mientras pedaleas. 

Muy cerca se encuentra también el museo al aire libre de Bokrijk, que complementa la visita con una parte más cultural donde podrás conocer las tradicionales de distintas regiones de Flandes y conocer cómo vivían en el pasado.

Esta primera  etapa nos permitió entender desde el inicio qué hace diferente a Limburgo: no se trata sólo de recorrer kilómetros, sino de vivir una experiencia diferente sobre la bicicleta. 

 

Haspengouw: donde el paisaje se interpreta entre fruta y arte

Tras el paisaje de agua de De Wijers, el cambio en Haspengouw es muy evidente.

Haspengouw es conocida como el corazón frutícola de Bélgica, especialmente por el cultivo de peras y manzanas, protagonistas de gran parte del paisaje y de la actividad agrícola de la región.

Aquí todo gira en torno a la tierra. Las pendientes son suaves y aparecen grandes extensiones de frutales que acompañan el recorrido. En Borgloon se encuentra el Stroopfabriek Fruit Experience Centre, un antiguo espacio industrial reconvertido en centro de interpretación, donde se explica cómo el cultivo de la fruta ha sido clave en el desarrollo económico y cultural de la región.

Pero Haspengouw no es solo paisaje agrícola. 

Es también en esta zona donde aparecen diversas propuestas de arte al aire libre. La más conocida es “Reading between the Lines”, la llamada iglesia transparente de Borgloon, construida con planchas de acero superpuestas que permiten ver el paisaje a través de ellas.

Esta obra forma parte del proyecto PIT (arte en espacio público), que integra distintas intervenciones en el entorno, una iniciativa que nos sorprendió y de nuevo la experiencia ciclista se conviertía en algo más.

 

Parque Nacional Hoge Kempen: entre brezales y pasado minero

La etapa de hoy nos llevó hasta el Parque Nacional de Hoge Kempen, y aquí el paisaje cambia de nuevo. Aquí el paisaje es más variado , donde se alternan pinares, grandes extensiones de brezales, lagos y antiguos espacios mineros que poco a poco hemos ido aprendiendo a reconocer.

Una de las primeras experiencias que encontramos fue “Cycling through the Heathland”, un recorrido que atraviesa la zona de Mechelse Heide. Pedaleas entre brezales y bosques de pinos, pero lo que realmente llama la atención es un puente elevado construido en 2021, de unos 300 metros de longitud que te permite recorrer el paisaje desde otra perspectiva. Es de esos tramos en los que reduces el ritmo y disfrutas de la experiencia.

Más adelante hicimos una parada en el centro de visitantes de Eisden, un lugar muy interesante para entender lo que estamos viendo. Aquí es donde empiezas a conectar todos los elementos: el pasado minero, los terrils, la transformación del entorno… todo empieza a tener sentido.

Continuamos la ruta y vemos que la zona se anima, hay mucha gente, sobre todo familias; es un día festivo. En los alrededores hay un complejo turístico junto al lago, completamente integrado en el entorno, que muestra cómo este paisaje ha sabido adaptarse sin perder su esencia. Hay diversas actividades donde tanto pequeños como mayores pueden disfrutar. Es el sitio ideal para parar y comer algo.

Seguimos pedaleando un poco más y llegamos a otra de las intervenciones más recientes: “Cycling between Terrils”, inaugurado en 2024. En este caso, el recorrido atraviesa un lago mediante una pasarela flotante situada entre antiguos terrils. Es una imagen bastante llamativa, sobre todo cuando piensas en el origen de estas formaciones. Cruzamos la pasarela y nos detenemos unos minutos en el centro, para disfrutar de este paisaje tan especial.

Continuamos con la ruta. Los terrils marcan el paisaje, lo que en su día fueron residuos de la actividad minera, hoy forman parte del paisaje y se han convertido en uno de los elementos más característicos de la región. La transformación es realmente sorprendente.

Durante el recorrido también pasamos por la Estación de As, otro de los puntos que ayudan a entender la historia del lugar. Este antiguo enclave ferroviario, vinculado al transporte del carbón, se ha reconvertido en un espacio desde el que interpretar el territorio. Hoy combina su valor histórico con un uso más turístico, con rutas que parten desde aquí, una torre de observación y pequeños elementos que permiten imaginar cómo era la actividad en su momento.

Un poco más adelante llegamos a Genk, donde nos encontramos con antiguas infraestructuras mineras junto a un gran cartel con el nombre de C-Mine. Se trata de un complejo industrial transformado en un espacio cultural y creativo, donde ahora conviven exposiciones, eventos, zonas de ocio y actividades.

Sin lugar a dudas, la etapa de hoy deja muy claro cómo Limburgo ha sido capaz de transformar su territorio sin perder su identidad. 

 

Bosland y Beringen: entre árboles y paisaje transformado

Hoy toca recorrer el Parque Nacional Bosland, es un paisaje mucho más denso.  El bosque te envuelve y la sensación es mucho más inmersiva. Desconexión total

Avanzamos durante varios kilómetros rodeados de pinos, en silencio, disfrutando de ese tipo de tramos en los que simplemente te dejas llevar. Hasta que llegamos a uno de esos puntos que ya sabíamos que íbamos a recordar: “Cycling through the Trees”.

El recorrido empieza suave, casi sin darte cuenta, pero poco a poco vas ganando altura. La curva es constante y cuando te quieres dar cuenta estás pedaleando a la altura de las copas de los árboles. Una vez arriba, nos detenemos unos minutos para disfrutar del entorno y, una vez más, esta infraestructura vuelve a marcar la diferencia. Subimos más de una y dos veces…

En esta zona también aparece algo que ya habíamos experimentado en Haspengouw: el arte integrado en el paisaje. Aquí no hay carteles grandes ni recorridos marcados para verlo todo. Al contrario, tienes que estar atento. Si solo pedaleas, te lo pierdes; si vas disfrutando y observando, aparece.

Nosotros nos encontramos con una de estas obras, cuyo autor es Will Beckers. “Into the Trees” es una estructura hecha con ramas, completamente integrada en el entorno, que parece formar parte del propio bosque. 

La jornada de hoy  termina en Beringen, donde el paisaje vuelve a cambiar, pero manteniendo ese hilo conductor que hemos visto durante todo el viaje: la transformación.

Aquí aparece Be-MINE, otro antiguo espacio minero que hoy tiene una segunda vida. Ese día llovía muchísimo y no pudimos subir a Avonturenberg, una montaña minera, convertida en un lugar de ocio, donde además se tienen unas vistas espectaculares de toda la zona.

Muy cerca, sorprendentemente, encontramos uno de esos lugares que no esperas:

TODI, un centro de buceo instalado dentro de una antigua infraestructura industrial. Lo curioso es que tiene una piscina de agua dulce con 10 metros de profundidad en el que puedes bucear rodeado de miles de peces tropicales.

Ver cómo un espacio así se ha transformado en algo completamente distinto te hace darte cuenta de hasta qué punto este territorio ha sabido reinventarse.

Después de varios días pedaleando por Limburgo, la sensación es clara. No es solo que tenga buenas infraestructuras, es que todo está pensado para que el recorrido tenga sentido. Aquí nada es casual.

Como apasionados de los viajes en bicicleta, una de las cosas que más valoramos es lo fácil que resulta desconectar: no te preocupas por el equipaje, solo tienes que tener claro la ruta a realizar  y llevar en las alforjas lo necesario para cada etapa. Todo a tu ritmo, sin prisas, sin horarios y parando para disfrutar de la gastronomía y de la tradición cervecera belga, que esta reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Sin embargo, esta ruta tiene un pequeño matiz: Limburgo  es un destino que invita a viajar de forma más pausada y consciente. Porque si desconectas demasiado… te lo pierdes.

Como bien resumen en Limburgo, el objetivo no es hacer más kilómetros, sino vivir mejores experiencias sobre la bicicleta.

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