Ruta por Brujas y mar de norte. Especial familias

Esta ruta está habilitada para todos los públicos y es una opción muy buena para hacerla en familia. Distancias cortas para poder adaptarse al nivel de los más pequeños y disfrutar de las numerosas atracciones que nos ofrece este destino.

Aquí los niños, si viajan en bicicleta, no sólo practicaran las normas básicas de circulación sino que también comprenderán que la bicicleta es un medio de transporte muy común y que  convive sin ninguna dificultad con cualquier otro medio de transporte, peatones incluidos. ¡Es una gozada!

Este año no lo teníamos claro, no sabíamos si Yaiza, de cuatro años aguantaría el tirón y sobre todo porque no la queríamos presionar, pero la verdad es que  ella misma fue la que nos animo a nosotros. Al ver fotos de otros años, le venía a la memoria algún que otro “flash”, recuerdos, sensaciones e insistía en ir en bici, concretamente en su “carroza”.   Lo sopesamos y nos lanzamos, ¿por qué no?, vamos a seguir descubriendo nuevas rutas y a seguir alimentando ese increíble disco duro que tienen todos los niños, así que volvimos a  enganchar una  silla en la bici de mamá y un «bike trailer» en la de papá, para disfrutar de una nueva  experiencia en la bicicleta.

Viajando en bici por Bélgica.

Viajando en bici por Bélgica.

Bélgica tiene muy buenas infraestructuras y decidimos que la ruta en bicicleta de Brujas y Mar del Norte”, especial familias era una opción muy buena. Es una ruta corta de 5 días y no son muchos kilómetros,  alrededor de 30-40 km al día. Se cambia de hotel dos veces, por lo que hay dos etapas de punto a punto y tres rutas circulares. Tiene además muchos atractivos para los niños ya que aunque cada niño tiene su ritmo, lo normal con tres, cuatro años es parar de vez en cuando para ver de cerca a los animalitos, tirarse por un tobogán, visitar un parque temático… y esta ruta te permite eso, ir a “su” ritmo.

En Bélgica no ocurre como en otras rutas en bicicleta por Europa como la del río Mosela en Alemania, o la del Danubio en Alemania, Austria.., donde la posibilidad de perderse es difícil, ya que el carril bici va perpendicular al río y en una sola dirección. Bélgica es un país acostumbrado a la bicicleta y todo el mundo la utiliza. No es solo un medio de transporte, forma parte de la vida diaria. En esta ruta los carriles bici son muy variados, pero en su mayoría son carreteras poco transitadas donde de vez en cuando encontramos algún vehículo a motor y alguna que otra zona boscosa. Cuando llegas te facilitan  un mapa de la red nacional de carriles bicis, similar a un mapa común de carreteras de cualquier país del mundo, con unas explicaciones sencillas en castellano , es muy sencillo, pero ello hace que la experiencia en bicicleta sea más autoguido aún, ya que puedes tener varias opciones para ir a un mismo destino si así lo deseas, ya que siempre te aconsejaran una ruta concreta.

Señales de tráfico para carriles bici en Bélgica.

Señales de tráfico para carriles bici en Bélgica.

Lo único que tienes que tener en cuenta son sus carteles de color verde y blanco con un número y una flecha a seguir. Cada número corresponde a un “knooppunt”, que significa “nudos” o “empalmes” y te señalan la dirección a seguir.  No tiene pérdida.

Los carriles habilitados para las bicicletas  están muy bien señalizados, tanto dentro como fuera de las ciudades y lo que más nos sorprendió fue ver sobre todo en las grandes ciudades como  sus grandes plazas, paseos, espacios públicos en general  circular en bicicleta junto a cualquier otro tipo de vehículo, coches, tranvías, coche de caballos no supone ningún tipo de convivencia con los numerosos peatones.

Ha sido una experiencia diferente, y eso es lo bonito, cada ruta tiene su esencia, y sus particularidades y como dijo el celebre escritor americano Henry Miller, ”Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas” y sobre una bicicleta estas vivencias tienen su “toque” particular.

La ruta al ser cortita ampliamos noches en Gante, Brujas y Bruselas. Este itinerario lo permite y vale la pena, tanto para grandes como para pequeños:

Días extras en Gante
Traslado a Brujas. Mini ruta en bici por Brujas. (15 Km aprox)
Etapa 1: Ruta circular en bicicleta. Brujas – Blankenberge (Mar del Norte) – Brujas. (40 km)
Etapa 2: Etapa en bicicleta  de Brujas – De Haan – Oostende (43 km)
Etapa 3: Ruta circular en bicicleta. Oostende – Oudenburg – Oostende. (35km)
Etapa 4: Ruta circular en bicicleta. Oostende – Nieuwport – Oostende (46km)
Etapa 5: Etapa en bicicleta  de Oostende – Brujas (43 km)
Días extra en Brujas
Días extras en Bruselas con excursión a Amberes

Os dejamos con unas imágenes de este viaje.

 

Días extra en Gante. Conociendo Gante

Al tener vuelo directo llegamos al aeropuerto de Oostende sobre las 12 de la mañana. Nada más salir del aeropuerto cogemos el autobús número 6 que nos deja justo enfrente de la Estación Central de Oostende (2€),  y desde allí cogemos un  tren hasta Gante, hasta bajando en estación Gent-Sint-Pieters (7,5€). Existe otra estación que se llama Gent-Dampoort, que aunque no está demasiado alejada del centro, está peor comunicada.

Una vez en Gante cogimos un taxi para ir al hotel que no estaba demasiado lejos. Como hicimos la reserva con tiempo pudimos elegir un hotel muy céntrico, así que tras realizar los oportunos trámites en el hotel, fuimos a conocer esta maravillosa ciudad.

Lo primero como siempre hacemos, es dirigimos a la oficina de turismo de Gante que se encuentra en la plaza de Sint-Veerleplein, cerca del castillo de los Condes y dentro de la Antigua Lonja del Pescado, cuya monumental puerta data de 1689. La oficina sorprende ya que contrasta con todo lo de su alrededor al estar  totalmente digitalizada, ofrece  información impresa muy buena y detallada  sobre la ciudad de Gante.

Fuimos hacia la enorme plaza y zona de paseo de Korenmarkt, muy animada donde confluyen el tranvía, los taxis, las bicicletas y los peatones en perfecta armonía, rodeada de terrazas, un sitio perfecto para comer.

Tras reponer fuerzas nos llamó la atención el antiguo Edificio de Correos (1909), precioso, pasamos por la Iglesia de San Nicolás y de repente empezamos a oír música. Nos acercamos a la plaza Emile Braun Plein, donde se encuentra el Stadshalel Pabellón Municipal que destaca por su arquitectura realizada de madera , vidrio y hormigón.

Es un lugar para conciertos, representaciones de danza y ferias y es de ahí de donde procede la música, concretamente de un piano de cola que está disponible para todo aquel que lo quiera tocar. Nos llamó mucho la atención y preguntamos a los amables lugareños que nos explicaron que era un proyecto musical llamado “1,2,3 piano” que consistía en  que habían situado siete pianos de cola en diferentes localizaciones de la ciudad y cualquier persona que quisiera o sintiera el impulso de tocar en público lo podía hacer libremente.

¡Era genial!, estuvimos cerca de una hora y el piano no estuvo sólo en ningún momento, siempre había un artista, niños incluidos que tocaban como los Ángeles. Justo al lado había una barra improvisada donde había degustación de cerveza gratuita. ¿Qué más se puede pedir?. ¡Fue todo un deleite para los sentidos!.

Seguimos paseando para ver esta ciudad desde otra perspectiva que no te puedes perder, Gante de noche es otra ciudad, la iluminación es única y espectacular, sin palabras, de hecho tiene numerosos premios internacionales,  entre ellos las tres estrellas de la guía de viaje Michelín.

Seguimos con Gante

Hoy es fiesta nacional, La Asunción, con lo cual las tiendas están cerradas, pero los museos y los restaurantes están abiertos. Aunque hoy el día esta nublado, hay ambiente y poco a poco va aclarando el día.

Se nos ocurrió ir al STAM, el museo de la ciudad de Gante, el edificio que lo alberga es una preciosa abadía del siglo XIV, un convento del siglo XVII y un edificio de entrada del siglo XX.

Volvimos al centro, a la plaza de Korenmarkt a comer, hay muchos tipos de restaurantes y muchos ofrecen  menú cuyo precio ronda entre los 12 -20 €, así como los típicos de comida rápida… las opciones son múltiples.

Fuimos a la impresionante Catedral de San Bavón de estilo gótica a ver el famoso retablo de los hermanos Van Eyck “La Adoración del Cordero Místico”, (1432). Uno de sus paneles “los Jueces Justos” fue robado en 1934 y aun hoy no se sabe nada de su paradero. La entrada para verlo cuesta 4€ e incluye un audioguía, pero si no quieres hacer cola puedes ver una réplica en una de las capillas de la Catedral. La verdad es que la Catedral es impresionante y si entráis no dejéis de ver la cripta, es lo único que queda de la antigua iglesia románica.

Tras la visita salimos a la plaza que hay enfrente del Teatro Real Neerlandés (Sint-Baafsplein) para coger un coche de caballos, a la peque le hacía mucha ilusión. El precio es de 30€ por un paseo de 30 minutos, que fue muy agradable y entretenido, el conductor, muy amable nos iba haciendo de guía turístico. Después un helado gigante y nos fuimos a cenar a la plaza de Sint-Veerleplein, muy animada y con muchas opciones.

 

Gante. El Castillo de los Condes y otros lugares de interés

Hoy vamos a ver el Castillo de los Condes de Flandes, toda princesa necesita ver uno y hoy le tocaba a Yaiza. El precio  es de 8€ y los menores de 19 años gratis. Hace un día estupendo y el sol aprieta.

El castillo impresiona con sus mazmorras, el museo de los instrumentos de tortura y desde su torre del homenaje tienes unas impresionantes vistas de la ciudad. Lo pasamos muy bien durante la visita y además había un caballero negro que iba saludando a los niños y la nuestra se iba a buscarlo y no paró hasta hacerse una foto con él, la encandilo. Desde arriba se tienen unas vistas espectaculares.

Justo enfrente vemos la plaza de Sint-Veerleplein, donde se encuentran unas curiosas farolas, una obra de arte titulada  Ai Nati Oggi, (A quienes han nacido hoy), del artista italiano Alberto Garuttia. Estas farolas están conectadas a las maternidades de Gante y, cuando sus luces parpadean, significa que ha nacido un bebé en la ciudad.

Tras la comida decidimos comer en la antigua Lonja del Pescado y después continuar con nuestro paseo y descubrir la zona norte donde visitamos otros canales, otros barrios, plazas como…:

  • Vrijdagmarkt. Durante siglos fue centro de la vida social y política pública. Mercadillo semanal y zona de ocio con numerosas terrazas.
  • Dulle Griet, el Gran Cañón, conocido también como Margarita la Loca. 12,500 kg de hierro forjado. A pesar de su enorme boca jamás disparó ningún proyectil.
  • La Iglesia de Santiago (St-Jacobskerk y la plaza Bij Sint-Jacobs. Esta zona es conocida por sus mercadillos de finde de semana y por se el epicentro famosas Fiestas de Gante.
  • El callejón de los graffitis en la calle Werregarenstraatje donde su apariencia va cambiando gracias a los artistas callejeros.
  • Patershol, el corazón medieval de la ciudad y ahora famoso por su gran oferta gastronómica.

Estábamos agotados, pero muy satisfechos. Habíamos aprovechado muy bien nuestra estancia en Gante. Cenamos y de camino al hotel disfrutamos de una noche más de la espectacular iluminación de esta ciudad. Al día siguiente partiríamos hacia Brujas, pero Gante ya se nos había quedado en la retina.

NOTA: No dejes de acercarte al puente de San Miguel, el lugar desde el cuál se toman las fotos más famosas de la ciudad, mires donde mires estas rodeado de una belleza arquitectónica única. Desde este punto también se ven las tres famosas torres de Gante; la de la Iglesia de San Nicolás, la de la Catedral de San Bavón y la torre del Campanario, (Belfort). Haz tu foto e inmortaliza tu momento.

 

Traslado a Brujas. Mini ruta en bici por Brujas. (15 Km aprox)

Nos dirigimos de nuevo a la estación de tren de Gante para ir a Brujas, bajamos en la estación llamada Brugge, la otra llamada Brugge-Sint-Pieters no es la principal y además está menos céntrica.

El hotel no esta céntrico, está a las afueras a menos de 1 km del barrio Sint-Pieters a sólo 5 minutos andando de Brujas. El entorno es agradable, ya que se encuentra rodeado de un parque, pero esta claro que es un hotel enfocado principalmente para realizar rutas en bicicleta.

Al llegar al hotel nos dan las llaves de las bicicletas, las cuales se encuentran fuera, en un garaje. Yaiza está encantada con su “tráiler” que este año tiene un diseño más deportivo. Las instalaciones del hotel están muy bien, y tiene una terraza muy agradable con un castillo hinchable incluido.

Tras tomar unas cervezas decidimos coger las bicicletas para probarlas y hacernos con ellas, así que decidimos acercarnos al centro de Brujas con las bicis, sólo tardamos cinco minutos hasta llegar al centro. Entramos por “Ezelpoort”, una de las puertas de entrada a la ciudad.

La ciudad estaba a tope de gente y nos vuelve a sorprender como conviven los peatones, los coches de caballos, las bicicletas y los vehículos a motor. Llegamos a la Plaza Mayor (Markt), donde nos dirigimos a la “i” de información a pedir como siempre información adicional de la zona, en este caso queríamos saber donde había un parque infantil, petición de la peque. Nos recomendaron Koningin Astridpark (parque de la Reina Astrid), y hacía allí nos fuimos.

El parque esta genial, tiene grandes árboles y arbustos, tiene un pequeño estanque, un quiosco y una gran zona de juegos para que los niños pueda desfogarse. Tras recoger las bicicletas decidimos dar una vuelta rodeando la ciudad y observando sus maravillosas murallas. Llegamos hasta la puerta de Gent (Gentpoort), donde vemos que hay un pequeño concierto en medio de la calle con mucho ambiente. Aparcamos las bicicletas y nos sentamos en una de sus terrazas a disfrutar como los lugareños.

Regresamos al hotel para la cena. Este año volvimos a coger la media pensión, el año anterior nos resultó muy cómodo yendo con la peque y la verdad es que se come muy bien, así evitamos cenar tarde, “a la española” y acostarnos antes.

El restaurante es buffet y está genial y lo mejor preparado para ir con niños. En un rincón del salón tienen una pequeña cocina con juegos para los más pequeños con lo cuál después de cenar Yaiza se fue hacía allí donde hizo una amiga llamada Leda, una niña italiana de unos siete años con la cuál estuvo jugando, mientras los papis hacíamos la sobremesa. ¡Todos contentos!

Etapa 1: Ruta circular en bicicleta. Brujas – Blankenberge (Mar del Norte) – Brujas. (40 km)

Llegando a Blankenberge

Hoy no hay que preocuparse por el equipaje. No cambiamos de hotel.

Junto al mapa de la red de carriles bici, nos dan un manual con indicaciones en castellano de qué “empalmes” (knooppunt) hay que ir cogiendo para llegar a nuestro destino; Blankenberge, situado en la costa, en Mar del Norte. La ruta es totalmente llana, muy tranquila y va alternando carril bici, caminos secundarios y de tierra. Pasamos por una zona industrial y también circulamos a orillas de uno de los principales canales, muy anchos donde hay gente haciendo deporte.A unos 10 km de Brujas pasamos por Lissewege, conocida como la aldea blanca de Flandes, es un pueblo muy pequeño, donde destaca su iglesia gótica del S.XIII de Nuestra Señora. Se puede subir a la torre, pero tiene un horario, las vistas deben de ser muy chulas. En la Edad Media era un lugar de parada para aquellos que iban de peregrinaje a Santiago de Compostela.

Han debido de ser las fiestas hace poco, ya que se encuentran recogiendo una especie de escenario. Nos llama la atención la cantidad de obras de arte que decoran el pueblo.

Es un lugar pintoresco donde recomendamos parar y como no tomar una cerveza en alguno de sus bares. Otro de sus atractivos es la abadia cisterciense de Ter Doest.

Nos ponemos en camino hacia Blankenberge, vemos como el camino se vuelve cada vez más arenoso, nos acercamos a la costa. A la entrada del pueblo encontramos el Sea Life Marine Park, un parque temático marino, por si os apetece acercaros a verlo.

Nosotros cruzamos directamente la carretera y nos adentramos por un camino de tierra. ¡Ya hemos llegado al Mar del Norte!. Viniendo de la costa alicantina, el mar para nosotros está tristón, gris, pero tiene su encanto. No dudamos en atar las bicicletas y dar un largo paseo por la desértica playa, es una zona de dunas, no hay turistas bañándose, pero vemos que el deporte más practicado es el “kitesurf”, ¡el cielo esta plagado!.

A nuestra izquierda, a lo lejos vemos el “Belgium Pier”, una estructura peatonal que se adentra en el mar unos 350 metros, llegando a un bonito edificio circular. El primero realizado en hierro forjado era de 1894, pero tras ser quemado en 1914 se construyo uno nuevo en 1933 y fue reformado en 2003.

Tras nuestro paseo por la playa decidimos acercarnos a Blakenberge, una de las ciudades turísticas balnearias más importantes de Bélgica con lo cuál el ambiente en estas fechas es genial. Para llegar lo hacemos por el camino de las dunas, tenemos trayectos con algunos problemas, ya que casi resulta imposible ir en bici debido a la gran cantidad de arena. Al final bajamos una cuesta y entramos de lleno en el centro neurálgico de la ciudad. Hay atracciones para los más pequeños, Yaiza ve uno que le vuelve loca, así que parada para que monte. Nos acercamos al “Belgium Pier”, y llegamos hasta el final para disfrutar de las vistas y nos sentimos como si estuviéramos realmente en otra época, en la «Belle Epoque».

Continuamos con nuestro paseo a lo largo de la costa, que esta lleno de restaurantes, de peatones…, hay que ir con cuidado, pero se circula bien, nos vamos acostumbrando.

Paramos para comer uno de los platos típicos, anunciados por doquier… mejillones con patatas fritas. !Ricos, están muy ricos!, con la cerveza y las vistas… no se puede pedir más. Nos llama la atención las playas. La gente no esta en el agua, hay más gente en la arena y la playa no está atestada de toallas y sombrillas, sino de casetas. Hay zonas que son chiringuitos, acotados y con un montón de columpios para los niños, tenían algunos baños, aseos… todo impecable. Al principio no teníamos claro si eran clubs privados, así que nos acercamos a uno a preguntar. Muy amablemente nos dijeron que podíamos tomarnos lo que quisiéramos y la peque podía disfrutar del paraíso que tenía a su alrededor. Esto es una cosa que nos encanta, sobre todo desde que tenemos a Yaiza y viajamos con ella, es increíble la cantidad de infraestructuras que tienen para ellos.

Tras tomarnos un café y un helado fuimos a recorrer la ciudad y disfrutamos de lo lindo, pero había algunas zonas, sobretodo el centro que estaban muy a tope y al ir con las bicicletas decidimos dar un paseo usando los carriles.

A media tarde decidimos regresar y tal y como nos sugieren lo hicimos por Zuienkerke, nada más salir de la zona turística retomamos los caminos secundarios y la tranquilidad de circular por el campo.

Llegamos sin problema al hotel. Un buen día, nos gustó mucho, diferente de las rutas que habíamos hecho hasta el momento.

Ahora cenar, y en la sobremesa Yaiza a jugar con nueva amiga Leda y a dormir. Mañana toca ir a Oostende

 

Etapa 2: Etapa en bicicleta por Flandes: Brujas – De Haan – Oostende (43 km)

Hoy sí tenemos que dejar el equipaje en recepción ya que cambiamos de hotel. Como ya estábamos familiarizados con los mapas de los carriles bici, decidimos cambiar un poco la ruta. Nos recomendaban pasar de nuevo por Lissewege y nosotros preferimos improvisar para descubrir nuevos caminos. Sin problemas.

La ruta es muy bonita y llena de contrastes. Vemos a lo lejos Blankenberge, algunos animales en granjas aisladas que encontramos por el camino y, antes de llegar a De Haan, nos sorprende descubrir a nuestra derecha un bosque donde vemos gente en bicicleta, haciendo senderismo y disfrutando de otras actividades. Es conocido como “Duinbossen De Haan”, algo así como “los bosques de De Haan”, una de las joyas verdes de la costa, famosa por sus dunas arboladas y por conservar la flora y fauna típica de la zona.

Justo después vemos el “empalme 6” y el centro de De Haan, hacia donde nos dirigimos.

Nada más pasar la estación de tren nos damos cuenta de que entramos de nuevo en otra época, la Belle Époque de principios del siglo XX. Es un placer recorrer este pequeño pueblo por el que han pasado visitantes ilustres de la realeza, escritores y pintores, siendo uno de los más conocidos Albert Einstein.

Paramos justo enfrente de la estación de tren De Haan, que es una auténtica cucada, para tomar algo mientras abría la oficina de turismo. Frente a la estación se encuentra también el Gran Hotel Belle Vue, una auténtica preciosidad que tampoco pasa desapercibida. En este hotel Albert Einstein solía ir a tomar el té.

Después, con el plano, las indicaciones y las bicicletas, empezamos nuestro recorrido pasando por:

  • el paseo marítimo, que recordaba al de Blankenberge, aunque más pequeño.
  • Nos acercamos a la Avenida Shakespearelaan en el barrio histórico De Concessie. Esta zona destaca por sus elegantes villas, sus jardines y sus calles tranquilas y curvas. Por su belleza y valor histórico, está protegida como patrimonio  arquitectónico y urbanístico de la Región Flamenca. Nuestro objetivo era ver la Villa Savoyarde, residencia de Albert Einstein durante su estancia en De Haan, del 29 de marzo al 9 de septiembre de 1933. Más tarde se exilió a los Estados Unidos y huyendo de los nazis, renunciando a su nacionalidad alemana y dimitiendo de la Academia de las Ciencias. Al ver la puerta de entrada me vino a la cabeza una de sus frases más conocidas, escrita a su hijo Eduardo en 1930 y que, en este momento sobre la bicicleta, cobra un significado especial:

“La vida es como montar en bicicleta. Si quieres mantener el equilibrio, tienes que seguir avanzando”.

  •  Muy cerca encontramos una curiosa escultura de Albert Einstein sentado en un banco, donde los visitantes pueden sentarse junto a él.
  •  La Potiniere un enorme parque circular, que se encuentra en el centro del pueblo, rodeado de villas y casas de lujo de estilo Belle Époque, dandole un aire muy elegante al pueblo. El parque estaba muy animado, con columpios, terrazas y un montón de pequeños vehículos sin motor disponibles para los niños. Decidimos parar allí un rato para tomar un café y un helado antes de continuar nuestra ruta hasta Ostende.

Cogimos el “empalme” 5 y, en pocos kilómetros, ya nos dirigimos hacia el interior, pero enseguida volvimos hacia la costa. Cruzamos con precaución una carretera, subimos una pequeña duna y, tras una bajada, apareció de nuevo el Mar del Norte, en la playa de Bredene. Aparcamos la bicicleta para sentarnos y disfrutar de las increíbles vistas y cómo no tras merendar la peque se lanzó a correr y jugar con la arena.

Nos pusimos en marcha de nuevo pedaleando a lo largo de un paseo de unos 2 kilómetros de longitud, que circula entre las dunas y la playa. Pasamos por los búnkers del Fuerte de Napoleón, que demuestran el importante papel estratégico que tuvo esta zona durante las guerras mundiales.

Poco después cruzamos sobre la esclusa y, un poco más adelante vimos la parada del transbordador gratuito para peatones y ciclistas que conecta esta zona con el centro de Oostende. Gracias a ello evitamos hacer kilómetros extra rodeando el puerto y el trayecto resultó muy agradable. Lo mejor es subir a la parte superior y disfrutar del paisaje.

Nada más cruzar vimos el Noordzeeaquarium, el acuario del Mar del Norte, y nos dirigimos hacia la derecha, dirección al mar. Apareció entonces una enorme plaza donde nos sorprendieron unas gigantescas esculturas de color naranja de “Rock Strangers”, justo al principio del paseo marítimo.

El ambiente era increíble. Ya se intuía que se estaba preparando algún evento para el fin de semana: escenarios, casetas… El paseo es muy largo, ancho y lleno de vida. Bicicletas y otros vehículos sin motor conviven perfectamente con miles de turistas y peatones.

Solo faltaban un par de kilómetros para llegar al hotel. Continuamos el paseo, pasamos por delante del Casino y poco más adelante vimos la estatua del Rey Leopoldo II a caballo. Después atravesamos una puerta con forma de arco para llegar al hotel por la parte trasera, donde tienen un garaje para bicicletas.

El hotel se encuentra en primera línea de playa, es enorme, antiguo y con mucho encanto.

Llegamos con el tiempo justo de ducharnos y bajar a cenar. Cuando terminamos salimos de nuevo a pasear. Oíamos música y vimos un edificio cercano con muchísimas luces. Nos acercamos y descubrimos que se estaba celebrando un concierto gratuito al aire libre.

El ambiente era genial, así que nos unimos a la fiesta. Tomamos una copa y bailamos un rato. ¡Estuvo muy bien! Una hora más tarde nos retiramos porque al día siguiente tocaba seguir ruta. Yaiza estaba destrozada, pero habría seguido… ¡Tiene unas pilas!

Etapa 3: Ruta circular en bicicleta: Oostende – Oudenburg – Oostende (30 km)

La etapa de hoy en bicicleta es muy tranquila y corta. Salimos del hotel y nos dirigimos hacia la derecha por el paseo marítimo, dirección Zeeheldenplein. Una vez allí cogemos nuestro carril bici y pasamos junto a la estación de tren, que ya habíamos visto el primer día. También volvemos a encontrarnos con la bonita iglesia de San Pedro y San Pablo y, un poco más adelante, vemos el Mercator, un antiguo barco de entrenamiento militar atracado en Oostende y que hoy puede visitarse.

Nuestra ruta nos lleva hasta el Parque Maria Hendrika, situado a unos cuatro kilómetros del hotel. Nos encantó y, como todavía era temprano, decidimos continuar con la ruta y regresar después para disfrutar allí de un picnic. El carril bici atraviesa parte del parque por un camino de grava, muy agradable para pedalear.

La ruta es muy tranquila. Hicimos una parada en un curioso bar que en realidad era un hotel de moteros. Nos gustó mucho el ambiente, así que aprovechamos para tomar algo y descansar / jugar un rato.

Después continuamos por caminos secundarios, muchos de ellos junto a canales, atravesando pequeños pueblos como Zandvoorde.

Empezamos el camino de vuelta, pero antes compramos unos bocadillos, unas bebidas frías para comer en el parque infantil que ya habíamos localizado antes. Era un sitio ideal para ir con niños ya que tenía columpios y alguna sorpresa más. Justo enfrente había una entrada curiosa que pasaba un poco desapercibida. Había un cartel con dibujos de árboles con caras.  En él ponía: “¡Ven al Bosque de los Juegos!”. Parecía un bosque encantado y decidimos investigarlo. Al principio impone un poco porque es un bosque muy tupido, perfecto para una historia de miedo, con árboles con caras, juegos hechos con madera y ramas… así que nos metimos para investigar y porque no hacer nuestro propio cuento… «Érase una vez, en un bosque encantado, donde los árboles…». Lo recorrimos varias veces para no dejarnos nada. Desde luego la parada valió la pena.

Tras retomar el camino de regreso paramos en el enorme Parque María Hendrika que habíamos visto por la mañana, para recorrerlo con más tranquilidad. Este gran pulmón verde de Oostende cuenta con estanques, caminos, zonas boscosas, un tren turístico y numerosas áreas recreativas. También había una enorme piscina de bolas y mucho espacio al aire libre donde, pagando una pequeña cantidad, los más pequeños podían disfrutar de las instalaciones.  Sin duda, otro de esos lugares que hicieron que los ojos de la peque se abrieran de par en par.

A una hora prudencial decidimos volver al hotel y, de camino, paramos de nuevo en Oostende. Aparcamos las bicicletas en la parte antigua para tomar algo. Luego fuimos al hotel donde tras la cena las niñas se iban a la zona de juegos donde había todo tipo de entretenimiento para ellas.

Etapa 4: Ruta circular en bicicleta desde Oostende – Nieuwpoort – Oostende (41 km)

Hoy salimos del hotel hacia la izquierda y seguimos por el largo paseo marítimo. A lo lejos vemos el aeropuerto de la ciudad y, tras recorrer unos cuatro kilómetros, nos dirigimos hacia el interior en dirección a Leffinge.

Pasamos junto al cartel que señala la entrada al Atlantic Wall, el famoso Muro Atlántico, que originalmente se extendía desde Noruega hasta la frontera franco-española y tenía más de 5.000 kilómetros de longitud. Este museo al aire libre es un lugar histórico único donde se conservan alrededor de sesenta construcciones alemanas de las dos guerras mundiales: trincheras, búnkers subterráneos, baterías costeras, puestos de observación, artillería antiaérea y otros edificios defensivos. El ambiente que se respira es impresionante y recuerda la importancia estratégica que tuvo esta zona durante la guerra. Para recorrerlo tranquilamente hacen falta al menos un par de horas y ganas de caminar.

Continuamos nuestra ruta hasta Nieuwpoort, importante pueblo pesquero donde ya divisábamos desde lejos el Monumento al Rey Alberto I, una gran estructura circular de treinta metros de diámetro y veinte columnas. Data de 1938 y fue construida para rendir homenaje al papel defensivo de esta zona durante la Primera Guerra Mundial. Aquí realizamos una parada técnica para que la peque se refrescara con los niños del lugar.

Cruzamos un puente para salvar el río Ijzer y continuamos por el carril bici. Justo delante aparece una enorme plaza con banderas y chorros de agua que salen del suelo cada cierto tiempo, perfectos para refrescarse. Después volvemos a coger las bicicletas y cruzamos de nuevo un par de puentes más.

Pasamos por el Mercado del Pescado y seguimos las indicaciones que nos llevan directamente a un enorme paseo junto al río, donde también se encuentra la parada del transbordador para cruzar el río Ijzer. El servicio es gratuito y resulta muy práctico,, ya que permite cruzar cómodamente tanto a peatones como a ciclistas evitando hacer kilómetros de más, sobre todo si viajas con niños. Durante todo el viaje tuvimos la sensación de que la bicicleta no es un problema, forma parte de la vida cotidiana. Todos comparten los mismos espacios y a los niños los tienen siempre presentes.  En más de una ocasión tuvimos dificultades para subir el carrito al ferry porque a veces era muy ancho o tocaba desmontarlo, pero siempre había alguien dispuesto a ayudarnos con una sonrisa.

Ya al otro lado del río continuamos nuestro recorrido en dirección a Lombardsijde. El ambiente militar vuelve a aparecer y todavía pueden verse restos del Atlantic Wall y de antiguos búnkers de artillería a nuestra derecha, a la izquierda vamos disfrutando de unas maravillosas vistas del Mar del Norte. Vamos con un poco de nostalgia ya que al día siguiente regresaríamos a Brujas, siendo nuestra última etapa. Poco antes de llegar al hotel vimos unos toboganes de acceso infantil a a la playa, así que tocó hacer una última parada.

Llegamos al hotel, ducha y cena. Hacía una noche estupenda y decidimos dar un paseo por la playa junto a nuestros compañeros italianos de viaje. Leda y Yaiza estuvieron jugando y buscando conchas mientras nosotros conversábamos y disfrutábamos del sonido del mar y del ambiente tranquilo de la noche.

Y así fue como nos despedimos del Mar del Norte.

Etapa 5: Etapa en bicicleta por Flandes: Oostende – Brujas (36 km)

Hoy el día está tristón y toca lluvia. Podíamos coger el tren hasta Brujas, pero decidimos hacer el trayecto en bicicleta igualmente.  Yaiza iría cómodamente en el carrito con su avituallamiento, sus peluches y demás entretenimientos… vamos, ¡como una princesa sobre ruedas! Nos pusimos el traje de agua y comenzamos el camino de regreso a Brujas.

Al salir del hotel nos dirigimos hacia la derecha en dirección a Zeehelden Plein. Allí volvimos a ver las extrañas esculturas “Rock Strangers” y todo el tinglado que estaban montando para las fiestas. Esperemos que el tiempo les acompañe durante el fin de semana..

La vuelta a Brujas no fue por el mismo camino que cuando vinimos. En esta ocasión toda la ruta discurría por el interior. El paisaje era precioso, bucólico y lleno de encanto debido a la lluvia. Pasamos por pequeños y acogedores pueblos como Bredene, por zonas boscosas y también junto al canal que conecta directamente Brujas con Oostende.

Seguimos prácticamente todo el tiempo junto al canal, sin salirnos del camino y siguiendo las indicaciones. Nos comentaron que de esta manera podíamos ahorrarnos algunos  kilómetros. Continuamos pedaleando bajo la lluvia y, como no caía con demasiada fuerza, aprovechamos para hacer el recorrido de un tirón

Al llegar al hotel nos dimos una merecida ducha y comimos allí mismo. Por la tarde estuvimos organizando las maletas, ya que al día siguiente cambiábamos a un hotel más céntrico en Brujas. Como  seguía lloviendo decidimos quedarnos en el hotel con la  familia italiana comentando las experiencias vividas durante el viaje. La etapa cicloturista de este año había terminado, pero el viaje continuaba

Días extra en Brujas

Brujas es la capital de la región de Flandes Occidental y su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. No es difícil entender por qué: realmente parece un museo al aire libre y está considerada una de las ciudades medievales más bellas del mundo.

Plaza ’T Zand. Monumento a los ciclistas

Llegamos muy pronto a Brujas para poder aprovechar el día. Tras dejar el equipaje en el hotel nos fuimos a conocer mejor esta bonita ciudad. Muy cerca del hotel tenemos la Plaza ’T Zand, donde se encuentra una importante sala de conciertos y un monumento que está dedicado a la relación de la ciudad con el mar y la bicicleta.

Decicidmos ir a buscar como siempre la oficina de información turística. Brujas es una ciudad con muchísimo encanto. Encontramos calles estrechas, canales, edificios históricos y rincones llenos de vida. Al final llegamos a la  Plaza Mayor, Grote Markt, donde pedimos la información que necesitábamos y disfrutamos de los edificios históricos y de la impresionante Torre Belfort. Este campanario  es uno de los  símbolos más representativos de la ciudad. La torre principal tiene 83 metros de altura y alberga un tesoro muy especial: el carillón con 47 campanas medievales. Si te animas a subir, las vistas panorámicas de Brujas son impresionantes.

El Palacio Provincial destaca por su espectacular fachada blanca y por el ambiente elegante que transmite toda la plaza. La sensación es la de estar dentro de un enorme escenario histórico.

Seguimos con nuestro recorrido que nos llevo a:

  •  la Plaza Burg, uno de los lugares históricos más importantes de Brujas y donde destaca la Basílica de la Santa Sangre.
    • Basílica de la Santa Sangre, también conocida como Heilig Bloed, es uno de los edificios religiosos más importantes de Brujas y mezcla elementos románicos y góticos. Según la tradición, alberga una reliquia de la sangre de Jesucristo.
    • Ayuntamiento, construido en 1376, es uno de los más antiguos de Bélgica y un magnífico ejemplo del gótico flamenco. Sus detalles y esculturas son realmente impresionantes. Seguimos callejeando y decidimos comer en la Plaza Burg. El ambiente era fantástico. Justo al lado se estaba celebrando una boda en el ayuntamiento y los novios aparecieron en carruajes, limusinas y coches clásicos.
  • Decidimos hacer un recorrido guiado en minibús por Brujas. El tour, de unos 50 minutos y con audioguía en castellano, nos llevó por barrios más tranquilos y auténticos, dándonos una visión general de la ciudad, descubriendo lugares menos  conocidos como;
    • Casas de Caridad y Capilla de Jerusalén, un curioso conjunto histórico del siglo XV.
    • Llegamos hasta las murallas de la ciudad y a los conocidos molinos de viento que todavía se conservan junto al canal. De los cuatro molinos históricos que quedan, el de Sint-Janshuismolen sigue funcionando y puede visitarse.

Nuestra siguiente parada fue el famoso canal Dijver y el muelle del Rosario, una de las imágenes más fotografiadas de Brujas. Allí encontramos una terraza con vistas preciosas al canal mientras poco a poco se llenaba de gente para el espectáculo nocturno. Esa noche tuvimos la suerte de disfrutal del Festival de Brujas, donde los canales se transformaban en un escenario mágico con juegos de luces, actuaciones y escenas flotantes iluminadas. Todo estaba cuidadosamente ambientado y el ambiente era espectacular.  Fue una noche muy especial, la disfrutamos  muchísmo del espectáculo. Cuando terminó regresamos al hotel paseando junto a los canales iluminados. ¡Mágico!

Al día siguiente todavía teníamos tiempo para seguir descubriendo Brujas: pasear en barco por sus canales, recorrer el Lago del Amor o simplemente perderse por sus calles medievales.

Brujas es una ciudad para disfrutar sin prisas. Una de esas ciudades a las que siempre apetece volver.

Días extra en Bruselas

Hoy el día es nuboso y  tras aprovechar un poco la mañana en Brujas, cogemos el tren hacia Bruselas. El hotel está algo alejado, en una zona de negocios, aunque muy bien comunicado con el centro. Tenemos parada de metro a cinco minutos andando.

Por la tarde decidimos coger el tranvía hacia el centro. Comemos cerca de la Plaza de la Bolsa, donde se encuentra uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: la Bolsa de Bruselas, de estilo neoclásico. Justo detrás aparece la Grand Place. Aprovechamos para dar una primera vuelta, tomar contacto con la ciudad, picar algo y regresar después al hotel.

Durante los días que allí estuvimos realizamos los siguientes itinerarios:

Bruselas. Jardín Botánico, Museo del Juguete y paseo por el centro

Hoy nos hemos levantado tarde. ¡Lo necesitábamos! Después de desayunar nos fuimos dando un paseo hasta el Jardín Botánico, un parque público con diferentes niveles y mucho encanto. El entorno es muy agradable, con estanques, bonitas plantas y flores, además de un edificio de estilo italiano que antiguamente funcionaba como invernadero.

  • El Museo del Juguete. El edificio es antiguo y algo peculiar, con varias plantas y una estética muy diferente a los museos modernos, pero precisamente ahí estaba parte de su encanto. Hay juguetes de distintas épocas, algunos del siglo XIX, y muchísimas piezas curiosas relacionadas con la infancia. Disfrutamos los tres de lo lindo.
  • la Catedral de Bruselas o Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. La catedral es de estilo gótico y comenzó a construirse en el siglo XIII sobre una antigua iglesia románica. Subimos las escaleras y escuchamos una música preciosa, al entrar vemos que hay un ensayo. Era un pequeño grupo practicando y la acústica era impresionante. Sus vidrieras y el gran órgano nos encantaron. Disfrutamos de este regalo para los sentidos.
  • las famosas Galerías Saint Hubert, consideradas las primeras galerías comerciales cubiertas de Europa. Las galerías están divididas en tres zonas y conectan perfectamente con el centro histórico. Elegantes, llenas de escaparates y cafeterías, siguen siendo uno de los lugares más agradables para pasear en Bruselas.
  • Muy cerca se encuentra la famosa Jeanneke Pis, la versión femenina del conocido Manneken Pis. Esta estatua está algo más escondida, en una callejuela y es fácil que pase desapercibida. Nos llamó la atención descubrir que fue instalada en 1987 como homenaje femenino inspirado en el famoso Manneken Pis.
  • Muy cerca estaba nuestra siguiente parada el conocido Café Delirium.   El local presume de haber reunido más de 2.000 tipos de cerveza y el ambiente es muy animado. Aprovechamos para tomar una cerveza y descansar un rato antes de seguir recorriendo el centro.
  • Vale la pena ir la Grand Place de noche.   La iluminación de la plaza es realmente espectacular y el ambiente cambia completamente respecto al día.

Después de cenar dimos un último paseo por el centro y regresamos tranquilamente al hotel en tren. Había sido un día intenso, pero muy bonito.

Bruselas: Atomium y Mini Europe

Hoy nos vamos ver el Atomium, el gran símbolo moderno de Bruselas. Esta impresionante estructura representa un átomo de hierro ampliado millones de veces y fue construida para la Exposición Universal de 1958. Bajamos del tren unas paradas antes para acercarnos caminando por el paseo que lleva directamente hasta el monumento. Comemos en un parque con un lago y patos antes de continuar la visita.

Había una larga cola para subir a la atracción y finalmente decidimos dejarlo para otra ocasión. En su lugar fuimos a Brupark, una zona de ocio con parque acuático, cines y numerosos restaurantes. Allí también se encuentra Mini Europe, un parque temático con más de 350 maquetas de monumentos y edificios emblemáticos de toda Europa. Algunos están más logrados que otros, pero el conjunto es muy entretenido y disfrutamos muchísimo.

Además de las maquetas, encontramos zonas interactivas, pequeños efectos especiales y muchas curiosidades relacionadas con distintos países europeos.

A media tarde regresamos a Bruselas para dar una última vuelta por el centro, comprar chocolate y ver al personaje más famoso de la ciudad: el Manneken Pis.  Esta vez estaba vestido con uno de sus muchos trajes oficiales. Nos contaron que la ciudad conserva cientos de atuendos diferentes regalados por gobiernos e instituciones de todo el mundo. Cenamos de nuevo en el centro y aprovechamos para despedirnos de Bruselas con un último paseo nocturno.

Bruselas: Excursión a Amberes

Por la mañana nos dirigimos a la estación para acercarnos a Amberes que esta a menos de una hora. La Estación Central de Amberes, es preciosa y esta  considerada como una de las estaciones de tren más bonitas de Europa. Los puntos de inter´s son:

  • Het Steen: conocido como «castillo de piedra». Es un castillo medieval situado junto al río Escalda y uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Vale la pena dar un paseo  a orilla de este rio
  • Grote Markt: la plaza principal, rodeada de casas gremiales y donde se encuentra el ayuntamiento.
  • Cathedral of Our Lady: la catedral gótica más importante de Bélgica, con obras de Rubens.
  • Diamond District: el famoso barrio de los diamantes, muy cerca de la estación.
  • Catedral de Nuestra Señora, la catedral gótica más importante de Bélgica, famosa por su impresionante torre de 123 metros de altura, la más alta del país, y por albergar varias obras del pintor Rubens.   
  • Pasear por Meir, la principal avenida comercial de la ciudad.
  • Rubenshuis es la casa-museo de Rubens, donde se conservan obras de arte y se muestra cómo vivía y trabajaba el famoso pintor flamenco.

Tras recorrer esta bonita ciudad regresamos a Bruselas. A la mañana siguiente tocaba regresar a casa y volver a la rutina, pero eso sí a pensar en cual  nuestra próxima ruta en bicicleta.

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